jueves, 6 de septiembre de 2012

Azul como eres tú, el mar y el cielo azul, como tú.

Mirándote en silencio estaba percibiendo los restos de nuestro reencuentro. Una vez más aquí, te abrazo por detrás, y es que no te quiero dejar ir... Recordé sin querer cómo era el tacto de tu piel, como siempre en el ascensor, por cada vez que te vi marchar... Y el reloj se paró, pero el tiempo mereció la pena. Lloraba solo en aquél rincón, y aún era el viejo ganador. Fue lo mejor.

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