viernes, 12 de octubre de 2012

366 días a tu lado.

Hoy hace un año que estamos juntos, hace un año que comenzó todo. ¿Volvemos al principio? Fue todo rápido, conscientemente. A estas horas hablábamos, quedábamos para esta tarde a las 6. Habían nervios, habían sonrisas que mostrar. Había de todo, menos tristeza. Fue el trayecto más largó que en mi vida realicé, paso tan lento el tiempo que pensaba que se había parado todo... Y ahí estabas tu, con tu sonrisa inquieta, con tus dudas. Y te bese. Empieza un largo viaje. Andábamos al mismo compás, al mismo ritmo. Nos mirábamos y sonreíamos. Bueno... No dejábamos de sonreír. Era especial, era único. Era algo que a los dos nos lleno de pleno. Después de un largo paseo llegamos a sentarnos en el césped. Hablábamos, y yo, que sólo tenía ganas de besarte impacientemente... Eran unos besos con mucha ternura, con sinceridad, con felicidad. Llevaba tiempo buscándote. Y llego la hora de marcharse, te ibas, y yo no podía hacer nada, me encanto esa tarde… Y así pasaban los días, juntos, apenas nos veíamos, pero recuerdo que jamás nos soltábamos. Nos echábamos de menos, lo recuerdo, aunque de una forma extraña. Yo no te lo decía por vergüenza. Y tu... Tu igual. Unas semanas después, nos atrincherábamos en un lugar muy mágico para nosotros. Nuestro banco. Nuestras tardes allí, y nuestras risas. Se nos hacia de noche, y ni nos dábamos cuenta. Nuestra primera vez al cine, y una película de terror. Me agarrabas fuerte, y yo te abrazaba porque tenías miedo, aunque la película… ¡La elegiste tu! Pasó el tiempo, y llegó mi cumpleaños. No esperaba nada, aunque tu… Ya me tenías preparado algo. Te pedía pistas, y no me las dabas. Ahí había un sobre, lo abrí, y... ¡Me habías invitado a un concierto! Fue genial, abrazados, y susurrándonos al oído la letra de cada canción. Ahí fue donde bailamos por primera vez. Que bonito lugar. Me costaba despedirme de ti esa noche… De pronto, llegaba la Navidad, aunque nos adelantamos y fuimos a ver L'Oceanografic. Pasamos un día divertido. ¿Recuerdas? Tu no celebrabas los Reyes Magos, y por eso te esperaba una sorpresa el día de Papa Noel. Un disco, una carta, chuches y una camiseta. No te lo esperabas, y fue divertido como me decías que había algo para ti, no sabías de quien era y qué es lo que en su interior ocultaba. Pasaron Navidades y fue entonces cuando nos tuvimos de separarnos una semana, era duro, me iba lejos de ti, y aún peor, me marche llorando porque no habían salido las cosas bien aquella tarde… En esa semana me levantaba con la ilusión de que faltaba un día menos para verte, y así eran todos los días. Hasta que nos volvimos a ver, nuestro reencuentro. Y llegó Febrero. Pasaban los días, y fue entonces cuando empecé a darte sorpresas al verme en la salida del instituto. Nuestros Martes, nuestros Jueves. Llegaron las Fallas, aunque no salió todo como me hubiese gustado, no iban a ser las últimas a tu lado. Lo más bonito que recuerdo de ellas fue un despertar junto a ti. Pasaban los días, y sumábamos meses, días, horas. Fue en aquellos 6 meses. Teníamos un fin de semana para nosotros. Y tenía que hacerse realidad. Pasamos uno de nuestros mejores fin de semana, juntos, de Viernes a Domingo. De despertar y lo primero que veía era a ti. De perdernos en la montaña, de encontrarnos en una foto, en un cuadro. Llegaba Mayo, y la Primavera se acababa. Aunque nosotros pusimos un candado en señal de que lo nuestro nunca acaba. Te invite al concierto de mi vida. Al de mi grupo favorito, al que da melodía a nuestros días de colores. Empezaba una etapa nueva, era la recta final del curso, y salió estupendamente. Junio. Celebrábamos nuestro 8º mes, te recogía por sorpresa, y te llevaba la comida para comer juntos en la playa. La sorpresa llegaría por la tarde, unos corazones con nuestras fotos te esperaban en el maletero del coche. Y nos abrazábamos. Éramos, somos y seremos sólo uno. Estaba a punto de llegar un día muy especial para nosotros. Era aquel 25 de Junio. No nos asaltaban las dudas, estábamos convencidos. Mientras sonaba de fondo La Valse D'Amelie. Supimos llegar hasta lo más profundo de nosotros, y nos dejamos llevar el uno por el otro. Venía Julio y te marchabas. No muy lejos, pero yo te echaba de menos. Hasta qué volvimos a juntarnos. Fue un beso muy cálido, como aquel mes, y un abrazo detonador. Pasamos unos días juntos en la playa. Era genial porque eras tu quien veía al despertar, y eras tu quien dabas color a aquellos días de verano. Amanecimos juntos en la playa, capturamos aquel momento tan rápido como aquella estrella fugaz que pasaba esa noche, cuando todas las nubes abrieron paso para nosotros. Y las olas chocando en la arena era la melodía perfecta aquella noche. Luego llegaba Agosto, tan frío como cálido aquel mes. Frío, porque la distancia nos separó. Y cálido, porque nuestro amor, es un amor verdadero, y cuando lo es, más da la distancia, porque no es un problema, sino un obstáculo el cual teníamos que saltar juntos. Pasaba una semana... Dos semanas... Tres semanas... Y al fin, al fin te tenía a mi lado. No recordaba cómo era besarte, no recordaba aquella sensación. Te miraba a los ojos, y veía el mismo mundo que en aquel primer día vi. De color. Nos encontramos en nuestro lugar mágico. Nuestro banco. Se acababa el verano, aunque fueron unos días perfectos juntos, en el apartamento. Llegaba Septiembre, y con él, las clases, una nueva rutina. Paso rápido, y aprovechábamos el tiempo muy bien. Ya estaba planeado, el paraíso ya lo veíamos de lejos. Sólo faltaban tres semanas. Y Octubre llegaría con ese toque de alegría que le da su nombre. Una sorpresa que no te esperabas, un concierto más a tu lado. Y un recuerdo inolvidable. ¿Ya lo ves? Estamos cerca. Muy cerca. Apenas falta una semana. Y dormimos otra vez aquí. 7, 6, 5, 4 días para el paraíso. Lo vemos ahí ya, esta noche es la última, y mañana empieza. Hace un año a estas horas hablábamos, discutíamos sobre cual era la mejor canción de Nirvana, y yo, te enseñaba una nueva entrada que había puesto en mi blog. -¿Soy la chica de los 15 minutos? -Bueno... Si, eres mi chica. Eres mi vida, mi cielo, mi gran alegría de cada día. Por eso te quiero, porque con una sonrisa levantad mi mundo, porque eres tú quien le da luz a nuestro mundo. Porque jamás pensé que encontraría a alguien como tú, tan azul. Ahí estabas. Acabas de bajar del bus, son las 6 de la tarde. Vienes hacia aquí... Supongo que estarás nerviosa, yo también lo estoy, no sabía sí ibas a llegar, estaba confuso por sí todo era un sueño y nada más. Te voy a besar, tenlo claro... Ya estas casi aquí y mil pensamientos invaden mi cabeza, miro tus labios, al fin, tus ojos, los observo con delicadez, y es que esos ojos son únicos en todo el universo. Ya estas... Esto empieza, te beso. Acabamos de pasar, estamos en el paraíso.

lunes, 1 de octubre de 2012

¿Te has dado cuenta de lo grande que es esto?

Hemos llegado a un punto muy alto, comparándolo con el Everest. Tan dulce como el azúcar. Y tan salado, a veces, como el agua del mar. Somos capaces de llegar al cielo con tan solo besarnos. Y de cruzar un charco enorme para conseguir una sola mirada, un solo gesto. Una sonrisa que es capaz de enamorar, de transmitir con toda su energía un enorme sentimiento. Nuestro amor es único, y nuestra historia, interminable. Mira hacia atrás, y verás el comienzo, sin embargo, aunque mires hacia delante, nunca verás el final. De eso consiste, de querernos hasta llegar al punto de saber que no tiene un final.